Andrew Razeghi & Robert Tucker: Las Dos Caras de la Innovación

Edición: Octubre 2009 Jueves, 22 Septiembre 2011 Visto 5419 veces Por:

"Quizás el hecho de que República Dominicana no tiene un Wall Street obligando a las empresas a replantearse trimestralmente todo lo que hacen, con la posibilidad omnipresente de sus acciones subir o caer de un momento a otro, según 'los nervios del mercado'; quizás por eso y por las barreras sutiles (y no tan sutiles) que impiden que las buenas ideas se materialicen, el sector privado dominicano necesita un impulso para innovar." Los expertos Andrew Razeghi y Robert B.

Tucker coinciden en que, si quiere que su empresa siga en pie por los próximos años, su crecimiento debe ser conducido por la innovación. Si ya ha incursionado en este campo sin resultados satisfactorios, quizás usted ha hecho algunos cambios y mejoras, pero no ha innovado. Algo a tener en cuenta es que las ideas no se “impulsan”, ni se “incuban” ni se “empujan” sino que se adoptan, según Razeghi. El proceso para lograr esto es aparentemente sencillo pero se dificulta porque implica lo que Tucker llama “asaltar nuestras suposiciones”, cosas que damos por sentado: “no soy creativo”, “no necesito cambiar”, “soy un buen gerente”, “esto no funciona de esa manera”… en pocas palabras: para innovar se debe cambiar la actitud y los métodos, para llegar el lunes por la mañana a la oficina a decir “puedo cambiar el status quo” en vez de dejar que la rutina y el miedo aplasten la inspiración.

A continuación, un resumen de dos visiones sobre cómo surgen las buenas ideas y qué hacer para aprovechar el brainpower de quienes le rodean.

Si quiere innovar, no lo haga. Mejor resuelva problemas

Andrew Razeghi

Existe una diferencia entre la creatividad artística (la habilidad de presentar cosas que luego son reconocidas por su belleza estética), el descubrimiento científico (sacar a la luz cosas o hechos que ya existían) y la creatividad conceptual (crear soluciones relevantes únicamente para problemas existentes y emergentes). Cualquiera puede ser creativo porque innovar es resolver problemas. Razeghi explica en su libro “El acertijo” (The Riddle) que cuando se intenta sistematizar la innovación hay que plantearse tres conceptos y dejarlos claros: innovación, fracaso y éxito.

Irónicamente la palabra “innovación” es uno de los grandes impedimentos para el desarrollo exitoso de la creatividad conceptual. Si quiere estimular a otros a que innoven, no lo haga. En vez de eso, pida que resuelvan problemas. Enfocarse en resolver un problema, más que en la creación de algo único, incrementará sus probabilidades de éxito.

El fracaso, en el contexto de la innovación, no sólo abarca una voluntad de tomar riesgos sino que reduce el número de posibles soluciones a un problema existente Convierta el espacio de trabajo en una factoría de ideas

Robert B. Tucker

En la mayoría de las compañías la “práctica” de la innovación puede asemejarse al apareamiento de los pandas: infrecuente, torpe y muchas veces inefectivo. El proceso de la innovación permanece ad hoc: sin sistema, fragmentado, improvisado, y muy dependiente de la suerte, tal como lo confirmaron investigadores de Rensselaer Polytechnic Institute en Nueva York.

Hoy se aborda el tema de manera similar a como las empresas abordaron la calidad a principios de los años 80: con un departamento que inspeccionaba los productos antes de ser despachados. Hoy, la calidad es responsabilidad de todos en la organización.

De igual forma, la innovación debe ser responsabilidad tanto de compras, operaciones y recursos humanos, como lo es de desarrollo de productos nuevos o mercadeo. Para empezar a cambiar, pregúntese, ¿qué métodos están usted y su compañía empleando para detectar los cambios que pueden significar la ruina si no se toman acciones apropiadas, o el éxito si se toman? Para adelantarse a las implicaciones del cambio social, demográfico y tecnológico y a las necesidades de suplidores y clientes en estos contextos, pregúntese: ¿Qué significan para nosotros estas cosas que se están desarrollando?, ¿Cómo podríamos tomar ventaja de ellos?, (asumiendo que usted aprende de lo que no funcionó). ¿Por qué fallan algunas buenas ideas? Sencillo: quienes la idearon pensaron desde sus perspectivas, no desde la perspectiva de un cliente que necesita una solución para un problema. La idea “suena buena”, pero, ¿cómo saber si realmente lo es? Pregúntese qué problema soluciona. El mejor consejo que puedo dar es que miremos a fondo esas “ideas que han fallado”: cuál era el problema que quería solucionar y cómo podría modificarse para alcanzar su objetivo: Eso es innovación.

En cuanto al éxito, al igual que el fracaso, éste también puede sofocar nuestra habilidad y la de otros de crear una base de creatividad continua porque implica que se termina la búsqueda de la solución. Esa situación engendra unas nuevas reglas de juego que, nuevamente, nos ciegan ante nuevas oportunidades. Más aún, el éxito crea un nuevo marco de referencia, mientras las grandes ideas son reverenciadas por muchos en lugar de buscar algo mejor. Ninguna de las compañías más grandes del mundo, ni las 100 primeras de Forbes, ha podido sostener su última “innovación” durante 10 años. ¿Por qué? Porque la innovación va más allá de ese producto estrella, es realmente la sostenibilidad de la marca, y eso sólo se logra con ideas frescas, constantes y que apunten a resolver los problemas del cliente o consumidor. El éxito sostenible es como la democracia, no es un destino sino una aspiración, por lo que se debe pensar en el éxito no como un lugar sino como un proceso.

Convierta el espacio de trabajo en una factoría de ideas

Robert B. Tucker

En la mayoría de las compañías la “práctica” de la innovación puede asemejarse al apareamiento de los pandas: infrecuente, torpe y muchas veces inefectivo. El proceso de la innovación permanece ad hoc: sin sistema, fragmentado, improvisado, y muy dependiente de la suerte, tal como lo confirmaron investigadores de Rensselaer Polytechnic Institute en Nueva York.

Hoy se aborda el tema de manera similar a como las empresas abordaron la calidad a principios de los años 80: con un departamento que inspeccionaba los productos antes de ser despachados. Hoy, la calidad es responsabilidad de todos en la organización.

De igual forma, la innovación debe ser responsabilidad tanto de compras, operaciones y recursos humanos, como lo es de desarrollo de productos nuevos o mercadeo.

Para empezar a cambiar, pregúntese, ¿qué métodos están usted y su compañía empleando para detectar los cambios que pueden significar la ruina si no se toman acciones apropiadas, o el éxito si se toman?

Para adelantarse a las implicaciones del cambio social, demográfico y tecnológico y a las necesidades de suplidores y clientes en estos contextos, pregúntese: ¿Qué significan para nosotros estas cosas que se están desarrollando?, ¿Cómo podríamos tomar ventaja de ellos?, (asumiendo que usted aprende de lo que no funcionó). ¿Por qué fallan algunas buenas ideas? Sencillo: quienes la idearon pensaron desde sus perspectivas, no desde la perspectiva de un cliente que necesita una solución para un problema. La idea “suena buena”, pero, ¿cómo saber si realmente lo es? Pregúntese qué problema soluciona.

El mejor consejo que puedo dar es que miremos a fondo esas “ideas que han fallado”: cuál era el problema que quería solucionar y cómo podría modificarse para alcanzar su objetivo: Eso es innovación.

En cuanto al éxito, al igual que el fracaso, éste también puede sofocar nuestra habilidad y la de otros de crear una base de creatividad continua porque implica que se termina la búsqueda de la solución. Esa situación engendra unas nuevas reglas de juego que, nuevamente, nos ciegan ante nuevas oportunidades. Más aún, el éxito crea un nuevo marco de referencia, mientras las grandes ideas son reverenciadas por muchos en lugar de buscar algo mejor. Ninguna de las compañías más grandes del mundo, ni las 100 primeras de Forbes, ha podido sostener su última “innovación” durante 10 años. ¿Por qué? Porque la innovación va más allá de ese producto estrella, es realmente la sostenibilidad de la marca, y eso sólo se logra con ideas frescas, constantes y que apunten a resolver los problemas del cliente o consumidor.

El éxito sostenible es como la democracia, no es un destino sino una aspiración, por lo que se debe pensar en el éxito no como un lugar sino como un proceso.

¿Qué amenazas están en el horizonte a las que tenemos que responder ahora si vamos a convertir este cambio en una oportunidad?

Las “organizaciones de vanguardia”, 23 de las cuales se estudiaron para un libro recientemente publicado, crean factorías de ideas más fuertes cultivando las condiciones con las cuales los “accidentes felices” son más propensos de ocurrir.

Siete estrategias para la ideación

Los líderes pueden hacer mucho para aumentar el flujo de ideas significativas. Las organizaciones líderes usan siete estrategias para fortificar la factoría de ideas:

1- Involucre a todos en la búsqueda de ideas
Para medir el clima laboral para la innovación en su firma, pregúntese: ¿Qué pasa con los inconformistas creativos en su compañía?, ¿Qué pasa cuando alguien falla? Las organizaciones pueden agrandar su fondo común de ideas incluyendo a más empleados en el proceso de ideación de nuevos productos y servicios y en el de resolver problemas organizacionales. No permita que gerentes, especialistas técnicos, o profesionales de compras, finanzas, o recursos humanos participen en decisiones de nuevos productos/servicio/desarrollo de mercado, a menos que pasen por lo menos 20% de su tiempo con clientes y suplidores actuales o futuros.

2- Involucre a sus clientes en su proceso
Identifique clientes que tienden a comprar las últimas versiones de sus productos. Ellos pueden proporcionarle una mejor comprensión de hacia dónde puede estar

Cont. Andrew Razeghi

República Dominicana tiene un increíble potencial de innovación. Su gente es muy creativa, y ese es un primer paso, pero lo más importante está en las organizaciones, en cambiar la cultura organizacional para pasar de una tendencia a una cultura organizacional de cambio. Piensen en grande.

Ejercicios para propiciar la creatividad

- Ayúdese: no se presione. Estamos acostumbrados a un mundo que nos “obliga a pensar”. Eso no funciona. Los momentos de mejores ideas suelen ser fuera de la presión de la oficina.

- La observación puede ser más poderosa que la conversación para generar nuevas ideas. En el contexto del problema que intenta resolver, observe lo que la gente no puede hacer versus lo que dicen que quieren.

- Descanse. Si tiene que elegir entre pasar toda la noche despierta intentando resolver un problema y dormir unas pocas horas para volver a la carga, ¡váyase a la cama! Si se le ocurre algo mientras duerme o en el momento de levantarse, anótelo de inmediato (mantenga una libreta junto a su cama).

- La forma de definir un problema se deriva de la forma en la que elegimos percibirlo y esto a su vez está condicionado por múltiples factores, incluyendo nuestra cultura.

- Existen códigos creativos, que son un grupo de condiciones que sirven de plataforma para generar ideas de forma continua más que accidental. Estos códigos, basados en la curiosidad, las restricciones, los convencionalismos, y las conexiones (factores que nuestro cerebro maneja constantemente, de forma consciente o inconsciente), no son específicos a un problema, sino que son un marco que se aplica de forma transversal.

- Cuando se le ocurra una buena idea, pregúntese de inmediato, qué estaba haciendo, en qué momento se le ocurrió, cuáles eran las condiciones del ambiente que le rodeaba, a qué hora… Lleve una especie de diario de estas circunstancias y trate de descubrir los patrones que le permiten ser más creativo, cuáles son las condiciones que favorecen su creatividad.

- Cambie el lugar de las sesiones de “brainstorming” o la hora de éstas (día o noche).

- Antes de entrar en una sesión de “brainstorming” en grupo pase algún tiempo solo, pensando, y anime a los del grupo a hacer lo mismo. Escriban sus propias ideas y compártanlas. Dirijan las conversaciones subsiguientes a mejorar las ideas, en vez de a generar otras completamente nuevas.

- Es más importante cómo se piensa que cuánto dinero se invierte en pensar. Incrementar el gasto en investigación y desarrollo no necesariamente incrementa las ventas.

- Saque tiempo para pensar. Haga una lista de sus problemas no resueltos y agende un momento y un lugar para irse simplemente a pensar, como lo hace Bill Gates, quien cada año tiene su “Think week”. Llévese libros, revistas, artículos y cualquier otra fuente de información que le pueda inspirar.

- Identifique las restricciones (qué es posible y qué no); pregúntese “¿Qué tal si algún material mágico, una tecnología oculta o capacidades inexistentes, existieran para superar esta restricción? ¿De qué deberían ser capaces estos materiales, tecnologías o capacidades? ¿Con qué podría reemplazar estos materiales?”.

- Recombinar ideas existentes de forma diferente puede ser tan valioso como crear ideas novedosas.

- La ventaja del que “golpea primero” es un mito. Ser el primero no es tan importante como ser relevante. Busque a esos que dan los primeros pasos para aprender de sus errores y use sus experiencias y debilidades para hacer arrancar la “ideación”.

 

SOBRE ESTE AUTOR

¿QUÉ TE PARECIÓ EL ARTÍCULO? ¡DÉJANOS SABER TUS COMENTARIOS!