El punto de inflexión...

Edición: Octubre 2014 Jueves, 06 Noviembre 2014 Visto 7091 veces Por:

Doña María. —Bueno, el año que viene mi hijo sube de categoría. Por lo visto, no va a tener mucha competencia dentro del equipo, pues el año que viene todos los que son buenos en esa categoría subirán a la de más arriba.

Doña Cristina. —No creas... Ahí está Ney Díaz, el hijo de Vicky, que se queda todavía un año más en la categoría.

Doña María. —¿Quién? No ombe… Ese muchachito es un novato y no da para mucho…

Esta conversación casual, y al parecer irrelevante, una tarde cualquiera de diciembre de 1980 entre dos madres con hijos nadadores hubiese pasado desapercibida si no hubiese sido por dos pequeños detalles: el primero, que doña Cristina le compartió esa conversación a mi madre mientras ambas iban charlando en un vehículo; el segundo, que yo estaba en el asiento de atrás cuando ella se lo comentó… Recuerdo que, como madre al fin, el comentario no le cayó nada bien a mi progenitora. Pero, sin darle mayor relevancia ni trascendencia, mi madre siguió conversando tranquilamente. Sin embargo, para mí, ese momento generó una verdadera metamorfosis…

Como si el “mosquito del orgullo” me hubiese picado, la natación, que hasta ese entonces había sido un simple pasatiempo, se convirtió en mi obsesión y razón de ser. Contrario a épocas anteriores en las que mi padre me tenía que levantar en las madrugadas con una grúa, de buenas a primeras, era yo el que muy animado le despertaba para que me llevase a practicar. Entrenaba como nunca antes, empezaron incluso a gustarme alimentos que antes odiaba y tomaba sin protestar las horribles vitaminas. Transcurridos seis meses, le gané en una competencia al hijo de doña María y, mientras estuvimos en el equipo, más nunca permití que me volviese a ganar tan siquiera una sola vez. Si bien no he hecho “hipnosis regresiva”, me atrevo a especular que ese episodio me marcó de por vida, pues me propuse ese día que jamás nadie tendría argumentos para echarme a menos. En pocas palabras, esa situación fue uno de los puntos de inflexión en mi vida.

Lo anteriormente narrado no tiene la más mínima intención de contarles una heroica historia personal de éxito. De hecho, pocos años más tarde, y siendo ya un nadador de cierto nivel, viví una situación opuesta en la que pagué el precio de mi “arrogancia”. Este ejemplo simplemente lo utilizo para ilustrar como una situación adversa en nuestras vidas puede ser nuestra mayor fuente de inspiración o nuestra principal causa de hundimiento. ¿Cuál es el único factor que hace que sea de una forma u otra? Nuestra actitud…

Nuestras vidas personales y profesionales están llenas de puntos de inflexión adversos. Es decir, momentos en que por factores externos, circunstancias fuera de nuestro control o influencias de otros, nuestra vida -o el curso que esta llevaba hasta ese momento- cambia radicalmente. Cuando suceden estos puntos, lo primero que debemos hacer es buscar cuáles son las lecciones detrás, aceptar nuestra nueva realidad y trabajar con pasión para superarlos o para, al menos, mitigar sus efectos. Hundirnos no es una opción, sobre todo porque lo que ayer fue adverso, con frecuencia termina siendo nuestra mayor bendición.

Muchas veces las señales de que ya llegó un punto de inflexión son tan sutiles que, si no estamos atentos, ni nos damos cuenta. ¿Y qué sucede entonces? Que el próximo punto de inflexión viene con mayor contundencia. Peor sucede cuando el punto de inflexión es tan evidente que todos alrededor nuestro lo ven y nosotros, por temor o estar en total negación, no queremos reconocerlo.

Pero los más importantes puntos de inflexión son los que provocamos nosotros mismos. Se trata de aquellas decisiones, que luego de meditadas, van acompañadas de un “basta ya”, un “ahora o nunca”, un “vamos arriba” o un “yo voy a…”. Estos puntos de inflexión, por originarse en nosotros y no depender de nadie, son los que mayor crecimiento nos generan, pues muchas veces implican romper la inercia, salir de la zona de confort o ampliar nuestro círculo de influencia. Mi exhortación es a provocar más de estos puntos de inflexión en nuestras vidas.

Y usted, ¿está en un “punto de inflexión” ahora mismo?

 

Ney Díaz es presidente de las firmas de capacitación INTRAS y SKILLS, presidente y editor en jefe de la Revista Gestión y Managing Partner de FranklinCovey para República Dominicana. También es presidente de Summit, empresa de organización de eventos corporativos, y Asesor Senior para la República Dominicana de los Programas de Educación Ejecutiva del IE Business School. Tiene un MBA de la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE), España, y un posgrado en Transferencia de Tecnología y Administración de la Maastricht School of Management (MSM), Holanda. Es Ingeniero Industrial por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Puede encontrar más de sus escritos en el Blog del Director y en su usuario en twitter @neydiaz.
 

 

SOBRE ESTE AUTOR

Es presidente de las firmas de capacitación INTRAS (Integral Training Solutions) y SKILLS, presidente y editor en jefe de la Revista Gestión y Managing Partner de FranklinCovey para República Dominicana. También, es Presidente de Summit, empresa dedicada a la organización de eventos corporativos. Adicionalmente, es Asesor Senior para la República Dominicana de los Programa de Educación Ejecutiva del IE Business School.

Tiene un Máster en Administración de Empresas (MBA) del ICADE (Universidad Pontificia de Comillas), España y un postgrado en Transferencia de Tecnología y Administración de la Maastricht School of Management (MSM), en Maastricht, Holanda. Es Ingeniero Industrial por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).

Puede encontrar más de los escritos de Ney Díaz a través de su blog en www.intras.com.do/blog y de su usuario en twitter: @neydiaz.

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