Cómo lograr que tus palabras dejen huella (Parte II): Inteligencia emocional, humildad y atención
Si en el primer artículo hablábamos de la forma, la intención y la escucha, hoy damos un paso más profundo. Porque si algo hemos aprendido es que no somos poseedores de nada, sino administradores de todo.
No poseemos un trabajo… lo administramos.
No poseemos una relación… la cultivamos.
No poseemos un cuerpo… lo cuidamos.
Lo mismo con la comunicación… la gestionamos cada día.
Y aquí hay una verdad incómoda, pero poderosa:
- Cuando creemos que algo nos pertenece, dejamos de cuidarlo.
- Cuando entendemos que lo administramos, empezamos a hacerlo crecer.
Por eso, si quiere que sus palabras no solo se escuchen… sino que se deseen, es necesario trabajarlo desde dentro. Porque la comunicación no empieza en lo que se dice empieza en quién es uno cuando lo dice.
Hoy nos adentramos en el segundo paso de esta saga. Y vamos a profundizar en tres herramientas internas que marcan la diferencia:
- Inteligencia emocional
- Humildad
- Atención
Tres pilares que, bien administrados, generan confianza, y donde hay confianza… hay interés y ganas de saber más.
- Inteligencia emocional: elegir, no reaccionar
La palabra “inteligencia” proviene del latín intelligere, que significa literalmente “saber elegir”. Está formada por inter(entre) y legere (escoger).
Por lo tanto, la inteligencia emocional lo podríamos ver de forma concreta como:
- La capacidad de elegir cómo responder ante lo que sentimos
No es evitar las emociones. No es reprimirlas. Es elegir qué hacer con ellas.
Y aquí entra una distinción clave: Reaccionar vs responder
Lo explico con una metáfora muy sencilla para que nos resulte práctico en el día a día.
Cuando tomamos un medicamento al tener una enfermedad, pueden pasar dos cosas:
- Que nos genere efectos secundarios, manifestándose con desajustes intestinales, molestias, sarpullidos en la piel… y no solucionándonos la patología. En el momento que nos ocurre esto, el doctor nos suele decir que el medicamento ha generado una reacción. Teniendo en cuenta que nos había prescrito este tratamiento para nuestra curación, este resultado sería negativo.
- La otra opción es que ese medicamento se integre en nuestro cuerpo, generando sinergia con nuestros órganos y solucionando la patología. En este caso el médico nos suele decir “el tratamiento ha respondido”. Siendo esto positivo para nosotros.
En comunicación ocurre un paralismo similar.
- Cuando alguien nos dice algo y saltamos automáticamente… estaríamos reaccionando.
- Y al contrario cuando nos dicen algo y antes de contestar apresuradamente a modo de defensa, lo escuchamos, lo comprendemos y luego elegimos lo que queremos decir… estaríamos respondiendo
Y aquí está la clave:
- La reacción nace del ego. Al reaccionar se pierde el control de la situación y el efecto que se genera en el interlocutor es de estar a la defensiva. No sumando un saldo de confianza en la relación.
- La respuesta nace de la inteligencia, de elegir y el efecto que mostramos al interlocutor es que se puede hablar con nosotros y plantearnos temas de distinta índole. Este comportamiento suma saldo en la relación y ganas de seguir compartiendo más inquietudes a futuro.
En resumen, cuando se reacciona es resultado de:
- Le han tocado el ego (ego manifiesto y un resultado positivo no son compatibles)
- Pérdida de control
- Acción desde el impulso
Cuando se responde es resultado:
- De comprender en profundidad
- De analizar lo que nos han dicho
- Y decidir que respondemos
Es fundamental dejar claro que “RESPONDER” no es un acto de sumisión, no significa tener que estar de acuerdo con lo que nos dicen. Significa elegir conscientemente una respuesta acorde sin vulnerar nuestros derechos y los derechos del interlocutor. Y esto tiene un impacto brutal en su saldo comunicativo y en el nivel de confianza desarrollado con el otro. Porque las personas perciben algo muy claro y transparente:
- “Con esta persona puedo hablar”
- “Aquí no voy a ser atacado”
Y cuando eso ocurre…
- Se genera confianza
- Se genera apertura
- Se genera demanda de nuestra comunicación
Resultando en el día a día de forma más tangible el que la gente quiera hablar con Usted, quiera escucharle y quiera volver a verla al ser una persona que aporta cuando se comparte un diálogo.
- Humildad: el arte de no creerse el protagonista
Ahora vamos con una de las herramientas más incomprendidas… y más poderosas.
¿Qué es ser humilde? Ser humilde no es empequeñecerse. No es pensar menos de uno mismo. Al contrario “Es ser consciente que toda interacción genera un aprendizaje en nosotros y por ende un crecimiento personal/profesional”. Es entender que:
- No lo sabemos todo
- Que podemos aprender de cualquiera, del que menos podemos sospechar que nos va a enseñar algo.
- Que no necesitamos demostrar constantemente nuestro valor
Cuando hablamos de humildad no es raro que se genere un paralelismo con lo material. ¿Tiene que ver la humildad con lo material? Nada que ver. Usted puede ser poseedor de multitud de bienes… y ser profundamente humilde. Y al mismo tiempo puede tener poco… y vivir desde un ego elevado.
La humildad no es proporcional a lo que se tiene y sí en cómo se posiciona ante los demás.
Actualmente estamos viviendo un momento de crecimiento personal, espiritual, profesional… y eso es maravilloso. Surgen cada vez más personas hablando de la importancia de elevar el nivel de consciencia. Toda esta información la vemos cada vez con mayor asiduidad en Redes Sociales y distintas plataformas en internet. Esto es genial salvo por una trampa que se está dando y es el peligro disfrazado del nacimiento de los “EGOS ESPIRITUALES”, es un ego evolucionado y refinado. Expresiones del tipo:
- “Yo ya he trabajado mucho en mí”
- “Yo tengo otra conciencia”
- “Yo ya estoy en otro nivel”
Desde el momento que afloran este tipo de expresiones, sin darse cuenta…nos empezamos a alejar de nuestra esencia más genuina.
Le voy a compartir una historia fascinante. Un predicador contaba una historia que le marcó profundamente. Un día, su nieto le dijo:
- “Abuelo… si eres tan humilde… ¿por qué se lo dices a todo el mundo?”
Lo que ocurrió a continuación fue un cocktail de enseñanza magistral con efectos tales como:
- Silencio, impacto, realidad y maestría de la mano de alguien que lo menos que puedes llegar a pensar es que en algún momento sea tu maestro de vida.
Ahí entendió este buen hombre algo clave: La humildad no se declara. Se demuestra.
Y esto en comunicación es brutal. Porque la gente no conecta con quien presume. Conecta con quien transmite verdad.
¿De qué forma sencilla podemos entrenar la humildad verdadera en nuestro día a día?
No son necesarios grandes gestos. Lo cotidiano nos brinda la oportunidad de practicarlo. Le comparto cuatro ejemplos sencillos:
- Escuchar a alguien que podamos considerar que está a otro nivel.
- Reconocer los errores
- Dar espacios a otros para brillar
- Preguntar sin necesidad de imponer y si con curiosidad plena
Y recapitulando con el ejemplo del nieto, es vital tener presente en el día a día lo siguiente: Los maestros no vienen como esperamos. No vienen iluminados, no vienen con títulos, vienen en forma de:
- Un compañero
- Un cliente difícil
- Un niño
- Una conversación incómoda
Y ahí es donde desde el agradecimiento tenemos la oportunidad de entrenar la humildad real.
¿Qué transmite humildad en nuestra comunicación? El ser cercanos y accesibles. Mostrar apertura ante lo que nos comparten. Ser ejemplo de confianza al no pedir explicaciones a los demás.
Y cuando hay confianza…No va a tener necesidad de imponer sus palabras porque sencillamente se las van a pedir.
- Atención: la energía que lo cambia todo
Si la intención transforma… La atención energiza. Y esto no es una frase bonita. Es una realidad que se siente. El ejemplo más claro es al observar a dos personas enamoradas en un restaurante. Para ellos no existe el entorno.
- Se miran
- Se escuchan
- Se preguntan
- Se descubren
Están completamente presentes el uno con el otro. Ahora compárelo con muchas conversaciones actuales:
- Celular en la mano
- Miradas dispersas
- Respuestas automáticas
¿La diferencia? Atención plena vs presencia fragmentada. ¿Y cómo podemos hacer en nuestro día a día de la atención una forma de generar saldo positivo en las relaciones? Prestando atención de verdad a las personas: para que sientan que son importantes, reconocidas y valoradas por nosotros. Algo tan sencillo es un ingreso directo en las cuentas emocionales de nuestro entorno. Es sencillo porque es:
- Sin esfuerzo.
- Sin técnica.
- Sin discurso.
Una forma de ejercitarlo cada día podría ser realizando esta simple reflexión. Imagínese que perdiera la capacidad de oír. Silencio absoluto. Y de repente… un día… alguien le habla… y vuelve a escuchar. ¿Cómo escucharía?, estoy convencido que, con absoluta presencia, con total atención y 100% agradecido de vivirlo. Esa es la atención que transforma.
¿Cómo entrenar la atención en el día a día?
Aquí van algunas claves prácticas:
- Deje el celular cuando alguien le hable
- Mire a los ojos
- No interrumpa
- Haga preguntas desde la curiosidad
- Escuche para comprender, no para responder
Y sobre todo: Agradezca cada conversación como una oportunidad de aprendizaje Porque muchas veces…las personas que menos esperamos…son las que más nos enseñan.
Una reflexión final
Este es el segundo de una serie de artículos donde compartiremos herramientas para que sus palabras dejen huella y traspasen la barrera del tiempo. Para que su comunicación esté en demanda, no en oferta. Para que su mensaje no se tenga que imponer, sino que sea pedido. Deseado. Buscado.
En este camino, hoy hemos profundizado en tres herramientas internas que transforman su comunicación desde dentro:
- Responda desde la inteligencia emocional, no reaccione desde el ego
- Practique la humildad en lo cotidiano
- Preste atención como si cada conversación fuera única
¿Y ahora qué? Hágase estas preguntas:
- ¿Cómo estoy administrando mis emociones cuando me comunico?
- ¿Desde dónde estoy hablando: desde el ego o desde la esencia?
- ¿Estoy realmente presente cuando alguien me habla?
Porque recuerde: Lo que bien se administra, crece. Y su comunicación… también. Y cuando crece bien…sus palabras dejan de perseguirse y empiezan a ser buscadas.