Si no es una persona atractiva, no liderará

¿Ha sentido desconcierto o confusión al leer el título de este artículo? Si ha sido así, está hecho con toda la intención y es por eso que en las próximas líneas le explicaré a qué me refiero con ser atractivo a la hora de liderar.

Cuando se habla de liderazgo, siempre nos viene a la mente el eterno dilema de si el líder nace o se hace. Y aún quedándose con dudas, al final, en un porcentaje muy elevado de situaciones, le habrán argumentado que el «líder se hace». Aun así, siempre nos vienen a la mente personas referentes que ya tienen unas cualidades de base que hacen de ellas el centro de atención estén donde estén. Y así es y no se lo voy a negar.

El objetivo de este artículo es mostrarle una perspectiva de liderazgo accesible para todo el mundo. Sí, exacto, eso quiero decir: todo el mundo puede ser un líder. Para podernos adentrar en este mundo del liderazgo, si me lo permite, le voy a hacer una pregunta: ¿usted ha tenido a lo largo de su vida profesional un jefe o jefa que le haya marcado positivamente en su vida?

Estoy convencido de que, según he hecho la pregunta, ha aparecido en su corazón y en su mente una o varias personas que fueron clave en su desarrollo. El motivo de hacerle esta pregunta es porque no hay mejor forma de comprender algo que habiéndolo vivido.

¿Dónde empieza una persona a ser líder? La gente, cuando piensa en liderazgo, siempre imagina que hay un colectivo de personas que siguen a otra. Y no quiero decir que esto no es así. Pero, para que la gente siga a alguien, es necesario que ese alguien proyecte algo que sea de interés para esos seguidores. Eso que proyecta esa persona es lo que llamo SER ATRACTIVA. La palabra atractiva, si la buscamos, hace referencia al que atrae o tiene la fuerza suficiente para atraer.

¿Y cómo podemos ejemplificar ese atractivo en ese jefe o jefa que le marcó positivamente? Para dar respuesta a su inquietud, se lo voy a ir planteando con preguntas:

  • ¿Aquel jefe o jefa que tuvo era una persona proactiva y con iniciativa?
  • A su vez, ¿tenía claridad en aquello que quería conseguir? Dicho de otra forma, ¿tenía los objetivos claros?
  • Y por último, ¿tenía capacidad para priorizar y planificar en el día a día?

Estoy convencido de que ha respondido positivamente a estas tres preguntas. Ahora, fíjese en algo: para que su jefe o jefa fuera una persona proactiva, tuviera objetivos claros y planificara correctamente, la realidad es que no necesitaba de gente a su alrededor. Estos tres condimentos son los que hacen en una persona conseguir resultados.

Hay una frase bíblica que dice «por sus frutos los conoceréis». Los frutos pueden ser buenos o malos. En el caso de su jefe o jefa, sus frutos eran buenos. Y ¿qué pasa cuando vemos a alguien con unos frutos buenos y que, además, son frutos que nos gustaría tener también, pero que no sabemos todavía conseguir? Pues, de forma automática, esa persona se vuelve atractiva para nosotros y, por iniciativa nuestra, la seguimos.

Pero no siempre la persona que seguimos se hace correspondiente con enseñarnos y crecer con ella. Le voy a poner un ejemplo. ¿Se acuerda en la película de Forrest Gump cuando él se pone a correr y van sumándose cada vez más seguidores detrás de él? La gente lo seguía porque imaginaban que era un ser iluminado o inspirado y eso le permitía recorrer los EE. UU. sin parar. Y todas estas personas querían poder llegar a ver esa luz que ellos suponían que Forrest veía. En el momento que Forrest se detiene, todos sus seguidores se quedan expectantes, esperando por ver qué va a pasar. Lo que menos esperaban era que Forrest Gump fuera a decir: «Estoy muy cansado y me vuelvo a casa». Quizás recordará cómo todas esas personas que iban detrás de él se quedan desconcertadas y no saben qué hacer.

Este ejemplo de la película es muy ilustrativo para  saber cuándo alguien tiene la capacidad de ver donde otros no ven, o de conseguir resultados que, a su vez, son atractivos para otras personas. Y esta gente toma la decisión de ver a ese alguien como un modelo de referencia y seguirlo. Entonces es importante que esa persona cuide a sus seguidores por haber creído en ella. Eso justo es lo que aquel jefe o jefa que usted tuvo hizo en el momento que usted lo veía como su líder. Le enseñó, le escuchó, le comprendió e hizo de su trabajo un sitio de inspiración donde el tiempo invertido era gratificante, desarrollador y estimulante.

En resumen, ¿quiere ser un gran líder? La receta es muy sencilla. Conviértase en una persona atractiva. ¿Cómo? Consiguiendo resultados en algo en lo que usted fluya con sus talentos y disfrute. De esa forma, quédese con la frase de «por sus frutos los conoceréis». Busque lo mejor de usted, poténcielo y, a su vez, compártalo: todo lo demás vendrá por añadidura, llegando usted a ser un líder de referencia.