Los privilegios...

Edición: Enero - Marzo, 2020 Visto 1,964 veces Por:

Los privilegios...


Hace unos 20 años, transitaba en mi vehículo con un amigo por una de las principales avenidas del polígono central de la ciudad de Santo Domingo. Era un sábado en la tarde y regresábamos de un almuerzo que habíamos coordinado para ponernos al día tras unos meses sin conversar. Durante el almuerzo, le conté lo afanado que estaba en esos días balanceando mi agenda con mis múltiples responsabilidades y compromisos. Transcurridos apenas unos minutos de haber salido del restaurant, mi amigo, quien había permanecido callado prácticamente durante todo el almuerzo, empezó a hablar de la nada (como si durante todo su silencio hubiese estado ensayando cada palabra que me iba a decir): “Mi hermano, tienes que cogerlo más suave. No te afanes tanto. No hay por qué estarse matando. Al final, todo se queda”. Y por ahí siguió mi amigo, impartiéndome una extensa cátedra sobre calidad de vida, cuyo mensaje central era que la vida es una y no hay por qué desgastarse trabajando.

Justo iba a darle mi respuesta cuando vi un señor mayor empujando bajo el intenso sol un triciclo lleno de chatarras. Se trataba de un hombre sexagenario (o al menos eso aparentaba), de poca estatura, muy delgado, de piel arrugada y tez rojiza. Se veía que hacía un gran esfuerzo para empujar aquel triciclo. Mientras disminuía la velocidad del vehículo al pasarle por el lado, señalé a aquel hombre y le dije a mi amigo: “Y a ese señor, ¿le darías el mismo consejo?”. Sorprendido por mi respuesta y con el rostro perplejo, mi amigo solo atinó a alternar su mirada varias veces entre el señor y un servidor.

Antes de que mi amigo respondiese ante tan inesperado giro de la conversación, le dije con una sonrisa: “Hermano, agradezco tus intenciones y que te preocupes por mí. Pero todo lo que te he contado son cosas que en su mayoría he escogido hacer. Y mi reto ahora es ver cómo las compatibilizo o priorizo para no perder el equilibrio. Sin embargo, ese señor, al igual que muchas otras personas, no tiene otra opción que no sea hacer eso que está haciendo mientras le queden fuerzas. ¿Por qué motivo debo yo estar pensando en calidad de vida cuando ese señor no tiene opción? ¿Qué nos hace a ti y a mí tan especiales (que no haya sido en gran parte la suerte…) que nos permite plantearnos la opción de ‘cogerlo más suave’ mientras a otros no? Creo que sería injusto de mi parte quejarme, ¿no crees?”. Mi amigo sonrió asintiendo, y el resto de la conversación giró alrededor de este tema.

Han pasado dos décadas desde aquel episodio y he aprendido muchas cosas de la vida desde entonces. Una de ellas es que mi amigo tenía razón. Hay que disponer de tiempo para todo. Incluyendo para uno mismo. Este balance hay que tenerlo porque es saludable y nos ayuda a estar centrados. Pero desde mi punto de vista, el “cogerlo suave” no debe ser una meta en sí misma. Debe ser un medio hacia un fin. Creo que hay que honrar y agradecer los privilegios que tenemos y que muchos otros no tienen. Y la mejor forma de hacerlo es maximizando el uso de estos para nuestro bien y, sobre todo, poniéndolos al servicio de los demás. Con “privilegios”, no me refiero a dinero ni tampoco a cosas materiales. Me refiero a aspectos tales como una buena educación de hogar, un entorno familiar estable o algún talento. La lista es muy larga y no podemos tenerlos todos. Quizás no tengamos todos los privilegios que queremos, pero si nos detenemos a pensar, seguro que algunos tenemos. Haciendo una confesión, soy de los que está convencido de que estos privilegios no pueden ser algo aleatorio o resultado de la suerte, sino que esto responde a una razón mayor que nos está poniendo una prueba. La pregunta obligada es si la estaremos aprobando… Si todavía no me cree, recuerde la parábola de los talentos en la Biblia.

Tan solo el hecho de usted estar leyendo este artículo evidencia que usted tiene privilegios. Le menciono dos rápidamente: el primero es poder ver y el segundo, haber recibido una educación que le permite leer y comprender este texto. Mi pregunta es: ¿está usted agradecido de estos y muchos otros privilegios y los pone al servicio de los demás?

 

 

 

 

 

SOBRE ESTE AUTOR

Es presidente de las firmas de capacitación INTRAS y SKILLS, presidente y editor en jefe de la revista Gestión. También, es presidente de Summit, empresa dedicada a la organización de eventos corporativos. Adicionalmente, es asesor senior para la República Dominicana de los Programas de Educación Ejecutiva del IE Business School. Tiene un máster en Administración de Empresas (MBA) del ICADE (Universidad Pontificia de Comillas), España, y un posgrado en Transferencia de Tecnología y Administración de la Maastricht School of Management (MSM), en Maastricht, Holanda. Es ingeniero industrial por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).

Como autor, ha publicado el libro Las 12 preguntas. Puede encontrar más de los escritos de Ney Díaz en su blog en www.intras.com.do/blog y en su cuenta de Twitter @neydiaz.

¿QUÉ TE PARECIÓ EL ARTÍCULO? ¡DÉJANOS SABER TUS COMENTARIOS!