La esencia…

Hace un tiempo atrás, tuve un intercambio de notas de voz por WhatsApp con una amiga, alta ejecutiva de una importante empresa del país, a raíz de uno de los primeros episodios de mi podcast Dejando Huellas:

—¡Hola, Ney! Excelente episodio. Aprovecho para felicitarte por tu podcast. Está excelente.

—¡Muchas gracias! Tú sabes que me encanta meterme en proyectos que aporten, pero de verdad que no es fácil.

—Mira, Ney: hay algo que yo tengo muy claro, y es que nadie puede contra su esencia. Si tu vida ha sido una de    contribución, de estar generando contenido de valor, tú no vas a parar nunca porque esa es tu esencia. La esencia de uno no se puede cambiar. Cada vez que alguien viene con algún comentario de que yo nunca estoy tranquila y que ando de aquí para allá constantemente buscando o inventando proyectos en que involucrarme, yo lo que hago es reírme por dentro. Yo soy feliz haciendo lo que hago y como soy porque estoy siendo coherente con mi esencia. Si Dios me dio la capacidad de siempre estar activa y de hacer muchas cosas, tengo que hacerle honor. Eso es algo que hay que ponerlo al servicio de los demás.

—Pues me has inspirado a escribir sobre este tema de la esencia, porque, ahora que lo pienso, hay mucha gente en el mundo batallando contra su esencia para cumplir con cánones que les impone la sociedad o para encajar en un estándar de lo que su entorno o la sociedad entiende que es lo correcto.

En el mundo, hay muchas personas que han renunciado a su esencia o, en el mejor de los casos, conviven con un cierto sentimiento de culpa por ser fieles a esta. Es así como personas con inclinaciones artísticas las cortan de raíz porque en su casa, cuando jóvenes, les dijeron que “eso no deja dinero” o que “aquí no se reconoce el trabajo de los artistas”. También es así como personas con vocaciones altruistas no le dedican tiempo a esto porque “hay que pagar las cuentas” o empleados comprometidos, puntuales y cumplidores sienten que son “tontos” cuando ven a su alrededor gente que lo toma más suave y se sale con la suya. Es así, también, como mujeres que deciden hacer un sabático para criar sus hijos pequeños se sienten culpables de “no ser productivas” o, por el contrario, como muchas otras que deciden hacer una carrera profesional exitosa conviven con el constante sentimiento de culpa por no dedicar tiempo a los hijos. Y, si sigo poniendo ejemplos, no termino hoy. La dura realidad es que tal y como indicó Arthur Schopenhauer: «Perdemos tres cuartas partes de nosotros mismos intentando ser como los demás».

Creo sinceramente que todos debemos crear el espacio para poner en papel y lápiz cuál es nuestra esencia. Es decir, qué nos llena y hace sentir plenos y está alineado con nuestro propósito, valores y prioridades. Aclaro que para estas últimas también hay que hacer un riguroso y profundo ejercicio de introspección, pues muchas veces están distorsionadas por influencias externas.

Aparte de contribuir a nuestra felicidad, identificar y aceptar nuestra esencia tiene otros beneficios. La realidad es que mientras más coherentes somos con nuestra esencia, menos serán las indecisiones y los dilemas. Así que, una vez la hayas identificado, ante toda decisión que te toque tomar (por pequeña o grande que sea), pregúntate siempre si está alineada con tu esencia.

Luego de identificar nuestra esencia, el próximo paso es, ya sea gradual o radicalmente, empezar a darle su merecido espacio, pues eso es lo que nos hará realmente felices. Poner a nuestra esencia en acción no tiene que ser necesariamente en un momento de paz y tranquilidad. De hecho, los momentos difíciles son la mejor oportunidad que tenemos para someter a prueba nuestra esencia. Y, claro está, durante las dificultades podemos hacer los ajustes necesarios si vemos que no hay congruencia entre lo que decíamos y hacíamos antes (en una realidad relativamente estable) versus lo que decimos y hacemos ahora.

Alguien al leer esto puede pensar: “Todo esto es muy cierto, pero ¿cómo hago para pagar las cuentas a fin de mes?”. Te recuerdo que vivir tu esencia no tiene por qué ser un proceso inmediato si las circunstancias no lo permiten. Pero tampoco deber ser un proceso aplazado de forma indefinida. Debes ir dándole cabida poco a poco y nunca dejar de tenerlo presente.

Por último, no quisiera terminar esta Carta del Director sin una exhortación a que no dejes que una falsa y distorsionada imagen del éxito (que prioriza aspectos como el dinero, el poder y la fama) te aleje de tu esencia. Tal y como dijo, Martin Luther King: “Si un hombre es llamado a ser barrendero, debería barrer las calles incluso como Miguel Ángel pintaba, o como Beethoven componía música o como Shakespeare escribía poesía. Debería barrer las calles tan bien que todos los ejércitos del cielo y la tierra puedan detenerse y decir: aquí vivió un gran barrendero que hizo bien su trabajo”.

Sobre el autor

Ney Díaz

Presidente y fundador de INTRAS, reconocida como la principal empresa de capacitación especializada y consultoría formativa en la República Dominicana, con importantes alianzas con organizaciones de España y América Latina. Preside, también, la firma de capacitación Skills y la empresa Summit, especializada en la organización de eventos corporativos. Es, asimismo, editor en jefe de la Revista GESTIÓN y Senior Advisor de Executive Education para República Dominicana de la IE Business School de España.

Como autor, ha publicado el libro Las 12 preguntas. Puede encontrar más de los escritos de Ney Díaz en su blog en https://neydiaz.com/blog.

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