Carbón o diamante: La actitud que define su destino laboral y profesional

El error de dar por sentado lo que tenemos

En un mundo donde la mayoría de las personas están enfocadas en lo que desean conseguir, es fácil caer en la trampa de descuidar lo que ya tienen. Soñamos con mejores oportunidades, con sueldos más altos, con posiciones más gratificantes, pero… ¿qué pasa con lo que tenemos ahora?

Si no somos capaces de administrar y cuidar bien lo que hoy está en nuestras manos, ¿qué nos hace pensar que seremos capaces de manejar algo más grande? El crecimiento no llega solo por el deseo, sino por la capacidad de demostrar que podemos gestionar lo que ya poseemos.

En mis formaciones y conferencias, hago una reflexión clave: su trabajo no le pertenece. No es Usted dueño, Usted es el administrador de un entorno, de un espacio y de una oportunidad. En la medida en que lo cuida, lo hace crecer. Y en la medida en que lo administra bien, se multiplican sus oportunidades.

Este concepto es más profundo de lo que parece. No se trata solo de ser responsable en el trabajo, sino de desarrollar una mentalidad de abundancia, donde el cuidado y la excelencia se convierten en los principales imanes del crecimiento.

Veamos un ejemplo. Imagine que le otorgarán un presupuesto considerable desde la dirección de la empresa y tiene que elegir a alguien de su equipo para que lo gestione: ¿a quién confiaría su presupuesto?

En su equipo tiene dos colaboradores. Ambos son competentes, pero su mentalidad respecto a los recursos es completamente distinta.

El primero gasta sin medida. No se preocupa por analizar en qué se invierte el dinero porque piensa: «Total, lo paga la empresa». Para él, los recursos parecen inagotables, y, por lo tanto, no siente la necesidad de optimizarlos. ¿Le suena haber visto alguien así?

El segundo, en cambio, administra cada recurso con inteligencia. No escatima cuando es necesario, pero tampoco derrocha. Analiza cada decisión buscando rentabilidad, sostenibilidad y un impacto positivo a largo plazo.

¿A quién escogería?

La respuesta es obvia: seguramente se lo daría a la persona que ha demostrado cuidar lo que tiene.

Este mismo principio se aplica en la vida profesional y personal. Me centraré en la profesional. Si descuida su trabajo, si solo hace lo mínimo, y si no gestiona con excelencia su tiempo, sus recursos y sus responsabilidades, difícilmente recibirá algo más grande.

Por el contrario, cuando las personas se comprometen a administrar bien lo que tienen, demuestran que pueden manejar más, y las oportunidades comienzan a llegar.

Administre su trabajo como si ya fuera el mejor

Aquí surge una pregunta crucial: ¿qué pasa si su trabajo actual no le gusta?

Es una situación común. Muchas personas, cuando no disfrutan su empleo, adoptan una actitud reactiva. Hacen lo mínimo necesario, y cumplen con las tareas sin entusiasmo, sin compromiso y sin aportar valor adicional. Y aunque esto puede parecer una respuesta lógica ante un entorno que no motiva, en realidad, es un error que puede costar caro.

La forma en la que usted trabaja hoy determina las oportunidades que recibirá mañana. Si está esperando a que llegue el “trabajo ideal” para dar lo mejor de sí, puede que ese momento nunca llegue. Porque el crecimiento profesional no se basa solo en encontrar el puesto perfecto, sino en convertirse en la persona perfecta para recibirlo.

Aquí hay un punto clave: las oportunidades no llegan únicamente por la cantidad de currículos que envíe o las entrevistas que realice, sino por la percepción que los demás tienen de usted. Y esa percepción se construye día a día, con cada interacción, con cada decisión, con cada acción.

Permítame compartir un concepto tan simple como poderoso, uno que puede transformar por completo su manera de ver el mundo y su rol dentro de él. Cada uno de nosotros tenemos solo dos ojos. Nuestra mirada, aunque esencial, es limitada; solo podemos enfocarnos en un punto a la vez, solo podemos observar una fracción de lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero aquí viene la parte interesante: mientras usted mira en una sola dirección, hay cientos de ojos observándolo simultáneamente.

Este pensamiento me llevó a una profunda reflexión. Vivimos con la ilusión de que nuestra percepción del mundo es la única que importa, cuando en realidad somos parte de un escenario mucho más grande. En su entorno profesional y personal, hay muchas más personas atentas a lo que usted hace de lo que imagina: colegas que lo analizan, líderes que evalúan su desempeño, clientes que recuerdan cómo los trató, proveedores que toman nota de su profesionalismo. Cada interacción deja una huella, cada acción proyecta una imagen, cada decisión que toma define cómo los demás lo perciben.

Ahora, deténgase un momento y hágase esta pregunta clave: ¿qué imagen está proyectando?

Aquí es donde muchos se confunden. No se trata solo de “demostrar” una buena imagen; eso sería actuar, no liderar. Lo que realmente atrae oportunidades no es lo que aparentamos, sino la congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Puede esforzarse en parecer confiable, pero si no es confiable en su día a día, tarde o temprano esa máscara caerá. Puede intentar proyectar integridad, pero si no actúa con integridad en las pequeñas decisiones, esa imagen se derrumbará.

Las personas no siguen discursos, siguen ejemplos. Y en la vida profesional, el ejemplo es el mejor maestro. No importa cuán elocuente sea ni cuántos títulos tenga si sus acciones contradicen sus palabras. La reputación no se construye con lo que uno dice de sí mismo, sino con lo que los demás perciben a través de sus actos.

Las oportunidades llegan a quienes no solo dicen lo correcto, sino a quienes lo viven en su día a día. Si desea atraer mejores oportunidades, debe convertirse en alguien digno de ellas. Y esto no se logra con deseos ni con suerte, sino con acciones. La excelencia no es una opción, es una estrategia. Independientemente de si su trabajo actual es el que soñó o no, la manera en que lo desempeñe definirá las puertas que se abrirán para usted en el futuro.

Piénselo de esta manera: cuando usted es visible para el mundo, no decide si lo observan, pero sí decide lo que ven. Y en esa elección se encuentra la gran diferencia entre aquellos que brillan y aquellos que pasan desapercibidos.

Si hoy decide actuar con excelencia, integridad y compromiso, si decide ser congruente entre lo que dice y lo que hace, se estará convirtiendo en alguien que inspira, en alguien que atrae oportunidades en lugar de perseguirlas.

El éxito no es un golpe de suerte, sino el reflejo de una trayectoria impecable. Y esa trayectoria empieza con la forma en la que usted elige administrar lo que tiene hoy.

 ¿Carbón o diamante?

En muchas conferencias, las personas me han expresado su frustración con una frase que se repite una y otra vez:

«Javier, estoy cansado de dar y de esforzarme sin recibir nada a cambio. ¿Qué hago?».

A quienes me lo preguntan, siempre les respondo con una elección muy simple, pero profundamente reveladora:

¿Quiere ser un carbón o un diamante?

Si tiene un pedazo de carbón en la mano y se le cae a la basura, ¿cree que alguien se tomará la molestia de recogerlo? Lo más probable es que no. Un carbón no brilla, no llama la atención, no se distingue de su entorno. Es solo un objeto oscuro más, perdido entre los desechos, sin nada que lo haga destacar. Nadie siente la necesidad de rescatarlo, porque su valor es percibido como mínimo o inexistente.

Ahora bien, imagine que, en lugar de un carbón, se le cae un diamante en la basura. ¿Qué ocurrirá?

Tarde o temprano, alguien notará su brillo, se detendrá, lo examinará y lo sacará de ahí. Porque un diamante, incluso en el peor entorno, sigue siendo un diamante. Su valor no cambia por el lugar en el que se encuentre. Su esencia es la misma, pero lo que lo diferencia del carbón es su capacidad de atraer la mirada de aquellos que saben reconocer lo valioso.

¿Qué tiene que ver esto con administrar su trabajo y su entorno?

Mucho más de lo que podría imaginar.

Si deja de esforzarse y adopta la actitud de simplemente cumplir con lo mínimo, si su mentalidad se centra en hacer solo lo justo sin compromiso, sin energía y sin excelencia, entonces, se convierte en un carbón: opaco, invisible y fácilmente reemplazable. Y cuando alguien busque promover a alguien, confiarle un proyecto o recomendarlo para una gran oportunidad, pasará de largo sin siquiera notarlo.

Pero si, por el contrario, se compromete a dar lo mejor de sí cada día, si trabaja con pasión, con dedicación y con una actitud de crecimiento continuo, se convierte en un diamante. Y aunque en algún momento pueda sentirse estancado o sin el reconocimiento que espera, tarde o temprano alguien notará su brillo. Porque las personas que sobresalen, aquellas que proyectan valor a través de sus acciones, terminan siendo vistas, apreciadas y recompensadas.

Es posible que se pregunte: “¿Y qué pasa si nadie reconoce mi esfuerzo?”

Le responderé con otra pregunta: ¿alguna vez ha visto un diamante quedar olvidado para siempre? Puede tardar más o menos tiempo, pero siempre habrá alguien que lo descubra y lo lleve a un mejor lugar.

La vida profesional funciona exactamente igual. El talento, la disciplina y la actitud correcta nunca se pierden. Puede que en este momento no reciba el reconocimiento que merece, pero si mantiene su nivel de excelencia, tarde o temprano su brillo se hará notar, y cuando eso ocurra, las oportunidades lo encontrarán sin que usted tenga que salir a buscarlas.

Por eso, la pregunta no es si debe seguir esforzándose o no. La pregunta es: ¿quiere ser un carbón o un diamante?

Porque la elección es suya. Y lo que decida hoy determinará en qué tipo de persona y profesional se convertirá mañana.

7 tips prácticos para administrar bien su trabajo y hacerlo crecer

Para aplicar esta mentalidad, aquí tiene siete claves que puede poner en práctica desde hoy:

  1. Actúe como si el negocio fuera suyo. Independientemente de su posición, gestione su trabajo con la mentalidad de un dueño. Si cada decisión impactara directamente en su futuro, ¿la tomaría de la misma manera?
  2. Sea proactivo, no reactivo. No espere a que le digan qué hacer. Proponga ideas, busque soluciones, tome la iniciativa.
  3. Optimice los recursos. No malgaste el tiempo, dinero ni energía. Use lo que tiene de manera estratégica para generar el máximo impacto.
  4. Construya relaciones de confianza. La calidad de su red de contactos influye en las oportunidades que recibirá. Conecte, colabore y aporte valor a los demás.
  5. Enfóquese en aportar valor, no solo en cumplir. Las personas que crecen no son las que hacen lo mínimo, sino las que generan impacto real en su entorno.
  6. Desarrolle una mentalidad de abundancia. Agradezca lo que tiene y cuídelo. La queja y la insatisfacción constante solo generan estancamiento.
  7. Brille con excelencia. No importa si le pagan mucho o poco, si el trabajo es temporal o definitivo. Hágalo con pasión y compromiso. La excelencia siempre encuentra su recompensa.

Conclusión: Cuide lo que tiene y lo hará crecer

Si hay una clave para el crecimiento, es esta: cuide lo que tiene y lo hará crecer.

El error de muchos profesionales es enfocarse en lo que no tienen y descuidar lo que sí tienen. Pero la clave del éxito no está en mirar a la otra orilla, sino en regar la nuestra.

Si administra bien su trabajo, multiplicará sus oportunidades. Si trabaja con excelencia, se vuelve atractivo para mejores posiciones. Y si brilla con compromiso y entrega, tarde o temprano será reconocido y llevado a un entorno donde realmente merezca estar.

Así que la decisión es suya: ¿quiere ser un carbón o un diamante?

Sobre el autor

Francisco Javier González Galán

Coach, conferenciante y consultor organizacional con una trayectoria internacional avalada en management, liderazgo, habilidades directivas y gestión comercial. Es también un experto en comportamiento humano. Es licenciado en Gestión Comercial y Marketing por ESIC, Máster en Psicoterapia en tiempo limitado del IEPTL (Instituto Europeo de Psicoterapia en Tiempo Limitado), Certificado en Coaching por la Escuela Tavistock, Certificado en Coaching por la CTA, Certificado en Coaching por la International Coaching University y Certificado en Firewalking por el Firewalking Institute of Research and Education. Asimismo, es divulgador del mundo de la neurociencia con el propósito de dar a conocer cómo funciona nuestro cerebro y aprovechar dicho conocimiento en el desarrollo personal y de la organización en estrecha colaboración con la Academia de Neurociencia y Educación. Escribió el libro Coaching Inteligente: Método A.C.C.I.O.N. de la editorial ESIC.

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