Una luz de esperanza para los silver

Tras mi anterior artículo, La gran reinvención silver, publicado en la revista Gestión en agosto 2023, muchas han sido las personas que se han sentido identificadas, las que me han dado las gracias por describir su dolor. Algunas incluso llegaron a llamarme, buscando desesperadamente amparo. Desde ahí es que estoy escribiendo, ya que deseo ahondar más en este tema, e indagar sobre la forma de promover ilusión y aportar una luz de esperanza a sus vidas.

En mis reuniones o conversaciones con estas personas comprobé que existían similitudes en sus comportamientos y discursos: sus interfaces reflejaban los ojos perdidos, sus cuerpos se presentaban vencidos, como si vinieran de una guerra o de recorrer el mundo con una gran mochila. Además, durante las largas horas de escucha —con una mirada compasiva— me hablaban de sentirse prisioneras de un presente en apariencia doloroso, de falta de ganas e ilusión, de no saber disfrutar. Algunas incluso decían encontrarse enfadadas con la vida, y sus discursos estaban cargados de queja, crítica y lamento. Ya nada les llena, nada les gusta, nada les entretiene por mucho tiempo.

Sin embargo, lo que realmente me sorprendió fue la dureza con la que se juzgaban a sí mismas. Han boicoteado sus sueños, se han neurotizado en su pasado, viven cautivas de sus miedos y de un pesimismo que les sume en un estado de angustia y sufrimiento, en un circuito neuronal de rabia y frustración.

Fue tal la intensidad de este proyecto, que pude llegar a sentir con ellos su añoranza por no haber sabido vivir otra vida, por no haber sabido elegir otras fórmulas u otras maneras de estar en el mundo. Hoy se sienten caducadas, solas, abandonadas, con un sentimiento de tristeza profunda, tedio y desazón. Se refugian en los recuerdos de los buenos tiempos. Les resulta difícil calmar el vacío y, en esa vaga melancolía, apenas atisban a encontrar el norte. Quizás no se den cuenta que la soledad es un factor de riesgo no solo para la depresión, sino para envejecer con telómeros más cortos y, por tanto, menos saludables. De ahí mi llamado de S.O.S.

Echan en falta aquello de lo que carecen, lo que nunca han tenido, las vidas de otros que les parecen más atrayentes, pero que en realidad no las conocen. Solo las imaginan. Rechazan lo que poseen y prefieren lo que no tienen. La mayoría siente que el tiempo se les ha echado encima, que ya es demasiado tarde, lo cual no es para nada cierto, aunque a ellas les parezca complicado mirar su realidad con otros ojos. Parece como si vivieran contra el tiempo, como si hubieran perdido la capacidad de saborear momentos, y me surge la duda de si alguna vez la han tenido.

Como dije en el anterior artículo: “Han sido buena gente, han vivido en orden y bajo la norma, han cumplido con creces sus obligaciones, han sido extremadamente responsables. No han fluido, han guarecido sus sentimientos en una armadura y un control férreo. Han pensado que el tener bajo lupa todos los aspectos de sus vidas les daba felicidad. Sin embargo, años después, se dan cuenta que ese deseo les ha sumido en una gran angustia y amargor al tomar consciencia que la seguridad es absolutamente inalcanzable”. Salir de ese patrón no les es nada fácil, pues es lo que conocen, es a lo que están acostumbrados. Sin embargo, si quieren pueden comenzar por atreverse a auto evaluarse planteándose las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo ha sido tu vida hasta ahora? ¿Has sabido vivir?
  • ¿Realmente has vivido la vida como has querido?
  • ¿Has conocido la felicidad?
  • ¿Alguna vez has tenido sueños?
  • ¿Has trabajado solo para ganarte la vida o por realización personal?

Y pese al dolor, están a tiempo de tomar la decisión de que, si quieren tener ilusión por la vida, han de dejar de lado la neurosis de “si no lo hago bien, no lo hago” porque esa búsqueda constante de control las lleva a no disfrutar de las cosas. Su perfección las paraliza. Si analizaran a fondo el verdadero significado de la perfección, se darían cuenta que es inmovilidad y frustración. Es decir, si tienes cánones de perfección para ti mismo, sufrirás más de la cuenta por cosas que no están justificadas. Si estas permanentemente controlándote, en un momento, acabarás desmoronándote.

La primera premisa sería entonces ser benevolente contigo mismo y no exigirte siempre el máximo. Disfruta el mero placer de hacer sin necesidad de hacerlo perfecto. Una vez que has dejado de lado el engaño de la perfección, podrás crear, diseñar una hoja de ruta, con un nuevo destino que consista exclusivamente en “ESTAR VIVO”.  Rompe con aquello del pasado que no te gusta, no te aferres al “yo soy así”. Sustitúyelo por frases como: “Hasta ahora había escogido ser así”. No tienes que vivir de lo que eras en el pasado. Siempre puedes cambiar a mejor.

La segunda premisa será aprender a convivir con la soledad; ella es tu amiga, ella te enseña, te da pistas. La mayor parte de las veces es en la soledad, —»el desierto de la guerrera»—, donde te fortaleces y sacas a relucir tu resiliencia y valentía.

Si, a pesar de estar solo, no logras encontrar luz, siempre puedes buscar personas que te inspiren, que tengan vidas que te resulten atractivas y, desde la imitación, empezar a trazar el camino. Escribe en un papel qué tipo de vida quieres tener y en qué clase de persona te quieres convertir. No puedes tener una vida grande si no sabes a dónde vas. Esa declaración de intenciones ha de ser lo más genuina posible.

La tercera premisa es diseñar una visión de vida que te ponga los pelos de punta cada vez que pienses en ella. Y luego establecer un plan de acción para llegar hasta ahí. En realidad, el camino es más fácil de lo que crees, solo has de permitirte emocionarte, dar cuerpo a la ilusión. Una vida con ilusión es una vida con sentido. Volver a vivir como decía Julio Iglesias: “Vivir es una carta por jugar… Vivir es un mañana que esperar”. Nunca es tarde, siempre estamos a tiempo.

Empieza a ver tus momentos presentes como un tiempo para vivir. Sitúate en el aquí y el ahora, porque este momento de la vida es lo único que tienes.

La cuarta premisa consiste en disfrutar de cada cosa como si fuera la primera vez. Aprender a parar, a frenar, para ver, observar y disfrutar. La soledad, el descanso, el silencio, el ir con pausa, son claves para crear y para comenzar proyectos con ilusión. Se trata de empezar a gozar de lo pequeño, coleccionar nuevos momentos, nuevos recuerdos, reencuentros y encuentros, palabras, lugares… Vive la vida que desees y haz las cosas porque te apetezcan, no porque haya que hacerlas de determinada manera. Ábrete a nuevas y estimulantes experiencias. Hazte esta pregunta de Wayne Dyer: “¿has vivido realmente 10,000 o más días o has vivido un día 10,000 o más veces?”.

La última premisa es tratar de empezar a explorar nuevas experiencias, atreverte a hacer cosas nuevas que te motiven. Si siempre haces lo mismo, conseguirás siempre lo mismo. Si quieres conseguir resultados distintos, pero te limitas a repetir una y otra vez el mismo patrón, será complicado que consigas brillar. Aunque no lo creas, eres capaz de conseguir muchas más cosas de las que te imaginas. Todo el mundo tiene ideas, pero no todo el mundo transforma sus ideas en acciones.

Sobre el autor

Maryam Varela

Consultora, conferencista, coach y autora experta en habilidades directivas, comportamiento humano y la aplicación práctica de la Inteligencia Emocional en el mundo empresarial. Lleva más de 25 años promoviendo, tanto en España como en América Latina, la importancia de desarrollar el coeficiente del amor (CA) en las organizaciones junto con el coeficiente intelectual (CI) y el coeficiente emocional (CE). En su trayectoria profesional, ha impartido más de quinientos talleres, conferencias y seminarios. Es autora de los libros El coeficiente del amor, El mundo de las emociones y Pasión, así como coautora de Coaching hoy.