Vacúnese Contra la Apatía…

Vacúnese Contra la Apatía…

Al igual que todo el que está leyendo esta columna, a lo largo de mi carrera he acumulado una serie de experiencias positivas y “negativas en ese momento”. Y digo “negativas en ese momento” porque, al éstas ser las que mayores lecciones, aprendizajes y oportunidades de crecimiento me han generado, hoy día y al ser vistas en perspectiva, prácticamente todas se han tornado en positivas.

De todas esas experiencias “negativas en ese momento” hay una que estoy seguro figura en el “Top Five”. No necesariamente por lo trascendente del episodio, sino porque es la que más veces he visto repetirse en otras personas.

Casi terminando la carrera de Ingeniería Industrial obtuve un trabajo en una empresa de zona franca que era, y es todavía, el referente en su sector. Por fin había logrado mi “dream job” y estaba dispuesto a sacarle el máximo provecho!!! Todos los días me levantaba con un entusiasmo casi fanático para ir a trabajar en lo que en ese momento para mí era “La Nasa”. Como todo joven que estaba viviendo “la experiencia de su vida” no pasó mucho tiempo para que, incluso en mi tiempo libre, yo estuviese investigando, buscando introducir mejoras y tratando de aportar nuevas ideas. En una de esas ocasiones caminaba yo orondo, erguido y sonriente a presentarle a mi jefe el prototipo de un dispensador de solventes que había diseñado, cuando un compañero, de mucho mayor edad, considerado de los “veteranos” de la empresa, se cruzó conmigo en el camino y me preguntó qué llevaba en mis manos. Al terminar de explicarle mi invento, el personaje me miró a los ojos y en tono sarcástico me dijo: “Te doy dos meses más con ese ánimo, pues en esta empresa a los jovencitos inquietos como tú no los dejan levantar la cabeza” y luego siguió su camino. Me quedé paralizado por espacio de dos minutos mirando al vacío y tratando de digerir lo que me acababan de decir. No sólo me devolví a mi escritorio ese día, sino que luego de ese episodio empecé a ver por doquier las señales y manifestaciones que evidenciaban lo que este “veterano” me había dicho con tanta propiedad. En pocas palabras me había contagiado con el “virus de la apatía”, pues en apenas 15 segundos y con pocas palabras me había “robado mi entusiasmo”…

En las empresas el “virus de la apatía” tiene muchas manifestaciones, es de alto contagio y de todas las epidemias es la que más pérdidas deja a las organizaciones. ¿Cómo saber si alguien esta contagiado? Es muy sencillo. Basta con escuchar lo que dice, cómo lo dice y sobre todo “leer” su lenguaje corporal. Al enfermo es común escucharle decir frases como “eso no va a funcionar aquí”, “en esta empresa no delegan”, “mi jefe no va a aceptar eso”, “aquí no hay futuro”, “aquí nunca hay presupuesto para eso” y “aquí no entrenan a uno”. Se trata de personas que andan como zombies, nadando en las corrientes del “status quo” e hibernando en la espera del próximo cheque. ¿Cuáles son sus síntomas? Estos varían dependiendo del portador y van desde la total sumisión hasta la peor de las rebeldías. ¿Cuál es su peor síntoma? Este virus es muy especial, pues los únicos episodios de energía que permite tener al infectado es cuando este va a contagiar a otras personas a través de su único medio de contagio: la queja... ¿Hay tratamiento? Es muy costoso pues por lo regular los portadores no saben, ni aceptan que están contagiados. ¿Cuál es su grado mayor de infección? Cuando los escuchas decir la frase “aquí no motivan a uno”…

Antes de usted pensar en “sanar” a estas personas de este virus es muy importante que usted se “autovacune”, pues éste es de alto contagio, no hay curas rápidas y la gran parte del esfuerzo de sanarse lo tiene que hacer usted mismo. ¿Pasos para vacunarse? Primero, proteja su entusiasmo y propóngase que pase lo que pase nadie le va a robar su deseo de mejorar siempre. Y cuando hablo de mejorar hablo de mejorar tanto usted mismo, como todo lo que compone su entorno inmediato (personas, empresa, etc.). Segundo, entienda que la motivación viene de un solo sitio: usted mismo, y que por ende debe reforzar siempre su actitud positiva. Tercero, evite tener contacto con alguna persona infectada hasta que no esté 100% seguro de estar vacunado. Cuarto, entienda que siempre es posible hacer algo para mejorar las cosas. Y por último, y muy importante, recuerde que nadie ha pasado a la historia por haber echado la culpa de sus problemas a los demás…

Ney Díaz
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