Cuestión de pasión

Al hablar de personas exitosas y con “pasión por lo que hacen” no sólo me refiero a los reputados expertos, importantes empresarios, exitosos ejecutivos y grandes gurús de la gerencia que han desfilado por nuestra organización en algún momento de nuestra historia. Me refiero también a aquel camarero del hotel que siempre nos recibía con una sonrisa dispuesto a ayudar y quien es hoy capitán de banquetes de un prestigioso hotel, al técnico del sonido que hacia malabares para brindarnos un servicio y hoy día tiene una empresa súper exitosa de servicios audiovisuales, al recién graduado que financiaba con mucho esfuerzo su participación en nuestros eventos y hoy día es un destacado vicepresidente en una importante empresa y un gran cliente o al taxista que con puntualidad “cuasialemana” transportaba los facilitadores y quien hoy día tiene una flotilla de vehículos a su servicio. Todos estos ejemplos cercanos y muchos más son evidencia de hasta dónde nos puede llevar la “pasión por lo que uno hace”.

La “pasión por lo que uno hace” es el combustible de todas nuestras aspiraciones. Es lo que nos hace renunciar a gratificaciones inmediatas y a trabajar en función de metas en el largo plazo, nos vacuna contra la mediocridad, nos ayuda a esquivar las tentaciones, nos enseña a obviar las críticas destructivas, elimina la envidia de nuestro diccionario mental y potencia en nosotros el enfoque, la prudencia, la sencillez y la frugalidad. Más aún, ésta es la que nos hace interiorizar que los techos alcanzados debemos celebrarlos, pero rápidamente transformarlos en sólidos pisos sobre los cuales preparemos nuestro próximo ascenso, so pena de sino caer en las garras de la complacencia… En los negocios y en el quehacer profesional al igual que en el arte culinario, el tener los ingredientes, las porciones y la secuencia de preparación es una gran ayuda, pero no es una garantía del éxito. Factores como la disciplina, la constancia, la obsesión con la excelencia, y la devoción por el cliente son aspectos tan medulares como el saber qué hacer y el cómo hacerlo. Y si analizamos en detalle los aspectos antes mencionados, todos son manifestaciones de la “pasión por lo que se hace”.

Nuestro deber es identificar nuestras fuentes de inspiración y una vez logrado esto, alimentar nuestra “pasión por lo que hacemos”. Eso a sabiendas de que esta es la única vía de alcanzar nuestras metas, desarrollar nuestro potencial pleno y lograr la plenitud de nuestra existencia. Sin embargo éste no es nuestro único deber. Es también nuestro deber el motivar y ayudar a los demás a desarrollar “pasión por lo que hacen”. Sólo así lograremos vivir en un mundo donde todos y cada uno luchemos por alcanzar un mejor futuro. Y sobre todo, cuando como fruto de nuestra “pasión por lo que hacemos”, la vida nos ponga en lugares de poder o influencia, es nuestro deber moral desarrollar un olfato para identificar personas con “pasión por lo que hacen”, rodearnos de ellos y ayudarlos en su proceso de crecimiento. Pues sólo en la medida que les ayudemos a ellos desarrollar su pleno potencial en la vida, podremos nosotros desarrollar plenamente el nuestro.