Y usted, ¿es ético?

Quienes de una forma u otra seguimos las informaciones del mundo corporativo global, llevamos ya muchos años prácticamente “sin respiro” recibiendo noticias sobre grandes empresas que debido a la avaricia, falta de ética y poca transparencia de sus gestores pasaron de ser líderes e íconos de sus sectores a, en el mejor de los casos, ser objeto de casos de estudio en prestigiosas escuelas de negocios sobre las causas de su ocaso y fracaso. De hecho prácticamente no pasa un sólo día sin que nos desayunemos con un nuevo escándalo o con el anuncio de alguna investigación por parte de las autoridades regulatorias. Se trata de empresas otrora omnipotentes cuyos líderes se creyeron seres inmortales por encima del bien y el mal, y quienes, endiosados por una red de seguidores incondicionales e incapaces de contradecirles tomaron decisiones que vistas en retrospectiva bordean en lo absurdo.
 
Para muestra basta un botón. Ya muchos de nuestros hijos sólo sabrán de Lehman Brothers, Enron, Worldcom, etc. por las historias que encuentren en los libros o cuando busquen en los buscadores palabras como fraude, bancarrota, ética corporativa, etc. No está de más decir que sin irnos muy lejos, nuestro país tiene su propia lista de casos de este tipo.
 
Al momento de hablar de estas grandes quiebras y su gran dimensión e impacto es muy común escuchar a muchos condenar estos actos, juzgar a sus culpables y clamar justicia contra sus líderes. Son menos los que reflexionan sobre el hecho de que estos fraudes se iniciaron probablemente con una pequeñita “trampita” que nadie iba a notar, la cual fue seguida por “otra pequeñita trampita” que tampoco nadie notó; hasta llegar a un punto donde ya ninguna acción dolosa parecía suficientemente grande como para parar… Todavía son muchos menos los que saben que más que la acción de uno, dos o tres grandes líderes, estas quiebras fueron resultado de pequeños comportamientos y acciones de muchas personas que, sumadas llegaron a crear una cultura de permisividad e indolencia dentro de éstas.
 
Resulta interesante saber que los pequeños comportamientos y acciones no éticas han destruido más valor económico en el mundo a través de los años que la suma de todos los grandes fraudes y quiebras de la historia. Pero más interesante resulta saber que éstas son realizadas de forma inconsciente y no intencional por personas honestas, buenas y totalmente identificadas con sus empresas. Dicho de otra forma, lo más lejos que tienen estas personas en sus mentes es que les están haciendo daño a la empresa. Y quisiera ilustrarlo con varios ejemplos de miles que podría poner: ¿Tratamos los activos de la empresa (equipos, vehículos, materiales) con exactamente el mismo cuidado como si fuesen nuestros? ¿Consumimos los suministros de la empresa con la misma consciencia como si lo hubiésemos comprado nosotros y los reciclamos con la frecuencia debida? ¿Hemos influenciado en alguna ocasión para que la empresa contrate X o Y empleado (o suplidor) con quien tenemos relaciones personales sin que sea necesariamente el mejor sólo para ayudarle?
 
Si su respuesta es “quizás” a algunas de las preguntas de arriba o una de las miles similares que podría formular, tome nota de que usted es parte del problema, no de la solución. Recuerde que usted probablemente no es el único que hace lo mismo sin querer y que por lo tanto la suma de todos esos pequeños comportamientos y acciones pueden estar afectando seriamente los márgenes de su empresa. Es por esto que debemos autoevaluar cada una de nuestras acciones y decisiones diarias para ver si todas y cada una de estas son cien por ciento objetivas, éticas o si de lo contrario y de forma inconsciente e inintencional, estamos contribuyendo a destruir los cimientos de nuestras empresas y por qué no decirlo, de nuestra sociedad.
 
Y recuerde siempre, que más edificios en la historia de la humanidad han sido derrumbados por la acción continua de las diminutas polillas, que por los efectos destructivos de la suma total de las bombas que se han lanzado en todas las guerras de la humanidad.