El factor común…

De hecho, ya he escrito sobre esto en otras ocasiones en esta sección y en mi blog. Confieso también que, si bien he logrado encontrar en las personas muchas cualidades y comportamientos que coinciden, siempre pretendí encontrar aquel aspecto clave común en todas ellas. Es decir, aquel rasgo que agrupe toda una serie de elementos como visión ante la vida, principios, valores, fortalezas y competencias personales que hacen que alguien sea exitoso y feliz a la vez. Luego de muchos años en este proceso mental de depuración, creo haber finalmente identificado ese factor y este es la mentalidad de abundancia.

La mentalidad de abundancia nada tiene que ver con tener dinero o acceso a recursos (aunque definitivamente sí ayuda a obtener estos). De hecho, no tiene nada que ver con ser rico o no, pues hay personas muy ricas con mentalidad de escasez y personas muy pobres con mentalidad de abundancia. Esta es más bien una especie de filosofía existencial, un tipo de lente o, como dirían los informáticos, una “interfaz” mental a través de la cual las personas visualizan la vida y todas las circunstancias y retos que la acompañan. Las personas con mentalidad de abundancia ven el mundo como un universo infinito de posibilidades y oportunidades en el cual todo está por hacerse o mejorarse. De igual forma, estas personas se visualizan a sí mismas y a las demás como una fuente inagotable de potencialidades y capacidades inexploradas.

Las personas con mentalidad de abundancia siempre escogen ayudar y colaborar porque entienden que el mundo tiene suficiente para todos. También entienden que es su deber servir de puente o conducto para que esta canalización de recursos se logre. Y no hablo solo de ser caritativo o benevolente, hablo de tener un sentido muy arraigado de la equidad. Las personas con mentalidad de abundancia se alegran sinceramente del éxito de los demás pues, como parten de la premisa de que hay para todos, entienden que algún día les puede tocar a ellos si hacen lo correcto. Este tipo de personas procura siempre ayudar, incluso si su actitud despierta la suspicacia de los que, al no ser de esta forma,puedan interpretar erróneamente estas acciones. Incluso, algunas personas con esta actitud a veces son incomprendidas en sus buenas intenciones.

Las personas con mentalidad de abundancia regalan sonrisas por doquier, pues saben inconscientemente que esas sonrisas provienen de una fuente inagotable y no se les van a acabar. Nunca desperdician una oportunidad para dar un cumplido o hacer un elogio sincero pues saben que no pierden nada y sí aportan mucho. Dan gracias por todo y a todos, al extremo de parecer exagerados. De igual forma, no subestiman ni desconsideran a nadie, pues no se creen superiores sino más bien agraciados o bendecidos. Pero más aún, como visualizan el mundo como una fuente inagotable de oportunidades, saben que mañana la persona menos pensada puede estar en mejor posición que ellos o, simplemente, les puede ayudar en la situación más inesperada. Aquellos que tienen mentalidad de abundancia tienen una visión del largo plazo muy arraigada y saben que absolutamente todo lo que siembran hoy lo cosecharán en algún momento, de alguna forma y con creces. Por eso son espléndidos hasta con el único activo que no pueden recuperar: su tiempo.

No estoy hablando de que todos los que tienen mentalidad de abundancia son santos, filántropos o activistas de las ONG (aunque, claro está, muchos de estos sí tienen mentalidad de abundancia). De hecho, hay mucha gente buena -quizás demasiada- que, lamentablemente, no tiene mentalidad de abundancia. Tampoco hablo de personas soñadoras o idealistas ajenas a las realidades de este mundo. Hablo, simplemente, de personas que nacieron con una “capacidad visual” (o escogieron desarrollarla) que les impide ver, por más esfuerzos que hagan, el vaso medio vacío…

Ney Díaz
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